8 Octubre 2007

La gran batalla…de la 1600 (fotos de los caballeros).

Archivado en: "Gritisjis" sloteros — morgana @ 11:07

Efectivamente, hay otra corona en juego, una corona por la que caballeros como éste llevan luchando largo tiempo. 

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¡¡¡¡ La corona de la categoría de 1600 !!!! (más…)

8 Mayo 2007

Los ángeles del Neng.

Archivado en: "Gritisjis" sloteros — morgana @ 8:27

“LOS ÁNGELES DEL NENG”.

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“ Había una vez tres muchachitas que fueron a las competiciones de rally slot. Les asignaron pilotos paquetes de todo tipo, pero yo las aparté de todo aquello y ahora copilotan para mí. “

(más…)

26 Marzo 2007

Los otros ritmos del slot (haberlos, haylos).

Archivado en: "Gritisjis" sloteros — morgana @ 14:29

No sólo de flamenco vive el slot.  El estilo gatillero y “castañuelesco” es espectacular, para qué negarlo, pero hay otros muchos que no por llamar menos la atención son menos efectivos. 

Hay pilotos que conducen de manera silenciosa y sin llamar para nada la atención pero, cuando te quieres dar cuenta y miras las clasificaciones, te han metido un minuto en una pasada.  Son pilotos capaces de pasar a toda pastilla por los sitios más difíciles sin siquiera inmutarse.  Como bailarines de claqué o de clásico,  capaces de ejecutar saltos vertiginosos, piruetas sin fin, vueltas y vueltas y más vueltas sin perder la postura, el ritmo de la música ni la sonrisa y sin que se les note el tremendo esfuerzo necesario para todo ello.  Al igual que los bailarines ensayan, entrenan,  mantienen su cuerpo en forma y estudian las coreografías; estos pilotos se ocupan en todo momento de mantener su máquina a punto,  son capaces de saber qué le pasa al coche simplemente por el ruido que hace, saben qué coche, qué ruedas, qué ajustes necesitan para cada tramo, agarre y carrera y, como los grandes campeones de 1:1, de los coches de verdad, tienen la sangre fría suficiente para planear una estrategia de carrera y seguirla para ganar sin “engorilarse” en el momento más inoportuno.

En este estilo de conducción tengo que reconocer mi admiración por otro de mis ídolos (no me va a alcanzar la pared para tanto póster) .

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 ”Richi Astaire”

Y no quiero esperar a ser mayor para ser así.  ¡Quiero ser así YA!    ;)

Soy una impaciente.  Quiero saber llevar los coches más difíciles.  Los Clíos, los Pandas…  Y es que, cambiando de tema, los 1600 me parecen tan bonitos…  Y tan difíciles de llevar, los jodíos.  Porque si ya lo llevo chungo con un N que me perdona todo lo habido y por haber, no sé yo lo que haría si tuviera que llevar un 1600 de serie.  O uno de los clásicos que he visto este último fin de semana en Model, en la primera prueba del Nacional.  O los monísimos Panda (que te dan ganas de hacerte un llavero con ellos, no sé cómo los podéis llevar por el sitio sin desesperaros).  Mi asesor técnico me dice que, en esta categoría, aparte de ritmo lo que hay que tener es una delicadeza exquisita en las curvas.  Hay que saber adaptarse a ellas, tomarlas con cuidado para no salirse, trazarlas correctamente…  Curvas….  Curvas…  Curvas… Esto de las curvas me recuerda a la danza del vientre, por supuesto, pero como podréis ver en la foto de uno de los pilotos de 1600 más aguerridos que conozco, aparte de la elegancia, esto de llevar un coche delicado requiere una atención y un cuidado, que al final es normal que te traicionen los gestos….

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“Zuleima Chuvaca”

Voy a cerrar estos rollos dedicados al ritmo en el slot con algo que me hizo reír mucho en su momento y que aún no he aprendido a hacer.  La primera vez que hice algo en plan chulería a propósito fue en el Suecia de Dragon’s, apoyándome en una curva, y me lo pasé en grande, pero me gustaría poder hacer algún día eso que no he olvidado y que vi en el último tramo de los del primer Open de La Rioja.  Si recordáis los que estuvísteis allí, había una recta en lo alto que terminaba en un ángulo de 90 grados antes de bajar, y al final de la recta había una señalita muy mona de limitación de velocidad, hecha con un palito de esos de remover el café de máquina y una cartulina y sujeta al tramo con un pegote de plastilina. 

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Pues bien, nuestro amigo Pelox de Frikilextric y Alberto Merchán (en la última pasada en la que todo estaba decidido y no tenían nada que perder) apostaron a ver si eran capaces de derribar la señal al pasar la curva.  Como copi fui testigo de que lo lograron, y a conciencia.  Es más, se paraban en mitad de la recta como para coger carrerilla, aceleraban y  ¡ZAS!  la señal volando fuera del tramo del culetazo.  Con toda la chulería del mundo y sin salirse.  Más que ritmo, eso es tener estilo, aunque sea como este…

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Y con esta foto de “Pelox Travolta” me despido hasta la próxima piradura de caldero.

24 Marzo 2007

El ritmo en el slot. ¿Tienes “duende”?

Archivado en: "Gritisjis" sloteros — morgana @ 13:53

Hay muchos tipos de ritmos. A los que nos gusta bailar (sepamos o no, esto es harina de otro costal) siempre hay algunos que nos impulsan a saltar a la pista y ante los cuales se nos hace imposible quedarnos quietos, mientras que otros nos dejan indiferentes. Hay ritmos fáciles y repetitivos (al menos en lo básico, luego siempre se puede rizar el rizo haciendo filigranas) y más o menos sencillos de llevar, como por ejemplo el merengue. Es algo que casi todo el mundo puede bailar, hasta los que dicen tener dos pies izquierdos o los que se quejan de tener un palo de escoba por columna vertebral. Sin embargo hay otros bailes que necesitan que el bailarín tenga algo especial, ese “no sé qué” o “qué se yo” que hacen que no te quede más remedio que mirar embelesado su danza.

Todo el mundo puede intentar bailar merengue. Todo el mundo puede intentar hacer un tramo de rally con un “N”. Pero cuando ves a uno de los “grandes” volar con su coche, tan “N” como el tuyo y por el mismo tramo que a ti te ha hecho sudar tinta… no sé, supongo que pasa lo mismo que cuando llevas dos clases de bailes de salón y ves una pareja de cubanos bailando un merengue de una forma tan natural como si respiraran y haciendo unas filigranas que te mareas sólo de verlos mientras tú vas contando los pasos y aún así no haces más que pisar a tu pobre pareja. Te preguntas qué rayos haces en esas clases, si por mucho que quieras no has nacido en Cuba y nunca podrás bailar así. ¿O tal vez sí? ¿El entrenamiento puede darnos tanto?

Para más inri, observando a esos “grandes” te das cuenta de que cada uno cultiva un tipo de danza diferente y que muchas veces sus estilos de conducción no tienen nada que ver unos con otros. Cada uno de ellos son geniales en su estilo y tan difíciles de comparar como Nureyev con Lola Flores o Gene Kelly con una bailarina hawaiana. Aunque todos ellos tienen algo en común: se adaptan a la música, la toman como viene y fluyen con ella. Igual hacen los genios del rally slot con los tramos, cada uno en su estilo. Al final los observas, a alguno porque no te queda más remedio, es casi imposible ignorarlos, pero en general para aprender y ver si se te pega algo. Porque al final lo que necesitas es encontrar tu estilo, tu ritmo, pero no es tan fácil.

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Uno de los estilos de danza que más difícil me parece ejecutar con garra es el baile flamenco. El paralelismo con el slot está servidísmo, todos lo sabéis, el que más y el que menos ha oído gatillear alguna vez e incluso ha hecho sus pinitos. Pero estamos en las mismas de siempre. Más o menos todo el mundo puede bailar sevillanas, es cuestión de aprenderse los pasos y seguir mínimamente la música pero… ¡Ay, amigo! Saber hacerlo con gracia, con “duende”… eso ya es otra cosa. Casi todo el mundo puede acelerar afondo en una recta y frenar soltando el gatillo de forma que suene, el típico “TAS” (aunque algunos no lo hagamos a tiempo y nos despeñemos en el intento). Igual que todo el mundo puede coger un par de castañuelas y arrancarles torpemente algún sonido pero… ¿quién es el guapo que es capaz de tocar alguna melodía reconocible con ellas? Como dice mi asesor técnico (”K”), la cuestión estriba en lo que significa para cada uno aquello de “una recta”. Para mí, que estoy empezando, una recta puede significar tres metros y a lo mejor me encuentro una entre cinco tramos porque me da miedo acelerar en las de menos. Sin embargo para otros, los verdaderos genios, esas rectas pueden ser de tan sólo veinte centímetros. Así tenemos el estilo de conducción que yo llamaría “flamenco”, porque lo que se oye es “TAS……TAS…. TASTAS……….. TAS…….TASTASTAS….. TAS”. Como unas castañuelas.

Y aquí tengo que reconocer mis preferencias. En este estilo tengo mi ídolo, no lo puedo evitar. Y creo que no sólo mío porque es todo un espectáculo verle correr, un espectáculo que no puede faltar en ningún tablao slotero de postín que se precie. Yo tengo un póster suyo al lado de mis coches para que me recuerde siempre lo que significa “el tronío”. Me refiero, por supuesto, a Alberto Merchán, “er Neng de los Pagüers“. Esperemos que nunca se vaya a “otros puertos” y siga deleitándonos con su genio mucho, mucho tiempo.

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Fuera de los circuitos parece un chaval normal, que sale con los colegas de chupitos (siempre que sean de colores), juega al fútbol, se echa unas risas con los amigos…Lo podéis ver a la derecha en la foto. Parece un tipo normal ¿verdad?. Pero cuando empuña un parma todo cambia. No voy a dejaros mi póster porque “es míiiiiiiiiiio. Mi tesssssssoooorooooooo”. Es una imagen que le captura en plena acción y me ha costado mucho conseguir. Estoy pensando en imprimírmelo en pequeño para llevarlo en la cartera, a modo de estampita, a ver si me da suerte en las carreras. Vaaaale, no voy a ser tan egoísta, si queréis una copia, me la pedís.

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Estoy segura de que alguno habéis pensado más de una vez lo mismo que yo: “joooooooo, de mayor, quiero ser como él”. Yo me estoy esforzando, aunque no sé si tendré “duende”. Por el momento voy intentando simplemente ir por el sitio, aprenderme los pasos y seguir el ritmo sin pisarme la bata de cola (o sea, sin esmorrarme por las horquillas). Pero no creo que sea lo mío lo de tocar las castañuelas. ¡Maldita sea! ¡Mi madre sí que sabía! Debería haberle pedido que me enseñara, pero como no lo hice, tendré que seguir practicando los pasos. Eso sí, con algo que mis copilotos me piden siempre: “venga, venga, alegría, con más alegría”. ¡Qué estrés, podió!

¿Alegría? ¡Toma alegría! catanuelas2.jpg

Como más vale una imagen (con sonido y todo) que mil palabras, os dejo unos enlaces en los que podréis ver en plena acción a nuestro ídolo. Creo que en la Frikiweb le han llamdo algo así como Alberto Ciengatillazos-en-una-recta-standar Merchán“. Es mucho más corto lo de “Neng”, sin duda, aunque menos descriptivo, por supuesto.

El neng en Laciana

Y aquí, rizando el rizo, el más difícil todavía: tocando las castañuelas más rápido que nunca en un tramo hiperrrrrrevirado y ¡¡¡ a ritmo de reggaeton !!!

El neng en casa Frikilextric

No sé, puede que sea mejor que me siga dedicando a “mis labores” y me deje de tonterías. En cualquier caso, seguiremos cocinando otros post en el caldero. llantazo.jpg

P.D.: Fotos y montaje cortesía de Karlonnen. Videos de Peloxslot en Youtube.

19 Marzo 2007

Un-dos-tres, un-dos-tres. ¡Ritmo!

Archivado en: "Gritisjis" sloteros — morgana @ 12:47

Recuerdo los días en que en Avalón, mi amada isla, aún existía una escuela de druidas y, por tanto, también de bardos.  Ay… las melodías que un buen bardo podía extraer milagrosamente de su arpa… te transportaban en el tiempo y el espacio hacia otras épocas, otras gentes, otros lugares.  Su Arte podía provocar en el extasiado auditorio mil y un estados de ánimo.  Un recital de un buen bardo era algo extraordinario, una de esas experiencias que te quedaban grabadas para siempre en la memoria.  Nada que ver con las músicas de hoy en día, machaconas, repetitivas, muertas y enterradas todas ellas en formatos electrónicos y diversos aparatos.  En muy contadas ocasiones una de estas melodías actuales logra hacer vibrar mínimamente alguna cuerda de las que conforman mis emociones.  Es más fácil si la música es en directo, sin duda, pero aún así es un fenómeno que rara vez se produce.

 He de reconocer, sin embargo, que el ritmo está presente en casi todas ellas, incluso en las más sencillas.  Caí en la cuenta el otro día, mientras caminaba por uno de esos interminables pasillos que recorren el subsuelo de Madrid y que todos atravesamos presurosos para transbordar de una línea de metro a otra.  Normalmente todos vamos inmersos en nuestros pensamientos y apenas nos fijamos los unos en los otros, como si realmente esos pasillos no fueran sino apéndices del infierno o el purgatorio de los cristianos, vacíos de todo interés, de toda chispa de alegría, entretenimiento o diversión.  Tal vez por eso la necesidad, que siempre aguza el ingenio, ha hecho que proliferen cada vez más en este tipo de lugares gentes que intentan sacar provecho de la situación y que, con mayor o menor fortuna, intentan amenizar de alguna forma este tipo de trayectos.  Muchas veces he estado tentada de pagar lo que fuera al supuesto trovador para que dejara de maltratar mis pobres y viejos oídos pero el otro día uno de estos músicos espontáneos me hizo sonreír.

No recuerdo exactamente cuál era la melodía pero sí que tenía ritmo.  Un ritmo bastante adecuado al de los pasos humanos.  Era casi imposible caminar si adaptarse a la música.  Era difícil ir más rápido y mucho más difícil aún ir más despacio.  Tanta gente en aquel pasillo…  ¿era yo sola la que caminaba al ritmo de la música?  Eché un vistazo alrededor y observé que muy pocas personas se habían adaptado, tal vez los demás estaban demasiado inmersos en sus pensamientos y preocupaciones pero era prácticamente imposible no sentirlo. 

Disfruté del compás de la música mientras avanzaba por el pasillo, adapté mis pasos al ritmo y, por un momento, me olvidé de las preocupaciones cotidianas y sonreí.  La sensación flotaba aún en mi memoria cuando, ya dentro del vagón y reflexionando un poco sobre el tema, de repente recordé todas las veces que mis copilotos, en tramo, me han dicho “venga, venga, ritmo, ritmo…”

No sabría definir exactamente lo que es pero sí que soy consciente de que no lo tengo.  Me refiero al ritmo cuando estoy en tramo.  Cuando caminaba por aquel abarrotado pasillo al son de la música, me sentía “conectada” con ella de algún modo, mis pasos estaban coordinados, acompasados, se daban en el momento exacto que marcaba la música y para ello tenía que ir a la velocidad adecuada, ni más lenta ni más rápida.  ¿Cómo conseguís eso en el slot?  Yo casi nunca lo logro.  Es como cuando ves una película y el audio y el video no están bien coordinados temporalmente y te vuelves loco porque los personajes mueven la boca antes de que puedas oir lo que dicen o bien oyes lo que dicen antes de que muevan la boca y no te enteras muy bien de lo que está pasando.  Es un poco “esquizofrenizante” ¿no?  Pues eso me pasa casi siempre cuando corro.  Es como si el ojo, el dedo y el coche no estuvieran acompasados.

Me encanta ver conducir a los pilotos experimentados, los imagino como esos arqueros de las historias Zen, que pueden clavar su flecha en la diana hasta con los ojos vendados.  La coordinación entre dedo, coche, ojo y mando es prácticamente perfecta.  Siguiendo la metáfora musical, lo suyo sería una sinfonía mientras que yo a veces me siento como si estuviera pasando una uña por la pizarra.  Tal vez se trate de encontrar tu propio ritmo.  Tal vez la descoordinación se produzca sólo si intentas ir más rápido o más lento y no a lo que sería “tu ritmo”.  Pero ¿cuál es ese ritmo?  ¿Cuál es “mi ritmo”?  Porque el otro día, incluso, vi a un piloto mando en ristre (colgado del cuello en realidad), esperando para salir a tramo y apretando el gatillo del parma como si fuese él  el que estaba corriendo.  Me sorprendió el gesto pues no se trataba ya de ir a su propio ritmo sino de seguir el de otro.  Me encantaría tener esa capacidad de adaptación que tienen los buenos pilotos, que saben ir a su ritmo y saben hacer que ese ritmo cambie según el tramo, el agarre, el coche, el mando… ¿Cómo lo hacéis?

Después ocurrió lo que suele suceder en estos casos, que empiezas a realizar asociaciones de ideas y me imaginé al Bruce Lee del anuncio diciéndome “be Parma, my friend” y muchas otras tonterías.  Pero esas quedan para otro post en el que analizaremos el ritmo en el slot (intentaremos adjuntar ilustraciones y todo).  Porque, puestos a desvariar, lo del ritmo en el slot da mucho juego y, como muestra y adelanto, dejaremos un botón; una imagen que, a buen seguro, producirá más de una asociación slotera en las mentes calenturientas de los verdaderos adictos…

;)

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9 Marzo 2007

Morgana, reportera. Entrevista a un slotadicto.

Archivado en: "Gritisjis" sloteros — morgana @ 8:57

 Sí, ya sé que es intrusismo, que debería dedicarme a mis rituales y pociones y que la pluma no es lo mío, pero de algo hay que vivir y, cuando hay que remangarse la túnica para ganarse los garbanzos, se hace y punto.  Total, sólo fue por una vez e intentaba salvar un alma perdida.  Por desgracia no sólo no pude hacerlo, sino que él me perdió a mí.  Reproduzco el artículo que escribí en su totalidad, a mí no me salvó pero puede que sirva para que alguien no caiga en este mundo de perdición..

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Morgana, la reportera más dicharachera de la cueva del dragón (no me llega la nómina para la hipoteca de una parcelita en Barrio Sésamo) ha obtenido de ánonimo unas escalofriantes declaraciones realizadas poco tiempo después de la obtención de esta foto por nuestro valiente corresponsal de guerra Chuvaca (hasta marcianos ha fotografiado este esforzado profesional).

Nuestro querido Anónimo prefirió permanecer “en el economato” y todos entenderán las razones en cuanto hayan leído este esclarecedor testimonio.  Hemos reproducido las declaraciones de Anónimo íntegras, sin ningún tipo de censura, avisamos que pueden herir alguna sensibilidad. 

“Hola.  Me llamo Anónimo y soy slotadicto desde los quince años.  

Yo entré en esto como todos, por las malas compañías.  Salía con unos colegas que decían que le daban a esto del slot y yo… bueno, era joven y tal y sentía curiosidad por estas cosas, ya sabéis, quería tener nuevas experiencias y eso, así que un día le dije a uno de mis amigos que me pasara un parma.  

Os juro que yo sólo quería probar porque todos ellos lo hacían y me sentía excluído y a esas edades uno se quiere integrar en la panda y eso y… bueno, cogí un mando, me enchufé a la fuente, pillé un N, me di unas vueltas a un tramo de rally-slot y flipé que te cagas.

Por aquel entonces yo todavía pensaba que podía dejarlo cuando quisiera pero una cosa lleva a la otra y un día alguien te dice que va a ir a una carrera en sucio, que no pasa nada, que si no te gusta lo puedes dejar y tal.  Esa fue mi perdición.  En cuanto probé mi primer tramo de nieve ya no pude parar y después fue el gofio y los raids y el Paris-Dakar de slot y…  

Os juro que he intentado dejarlo.  Cada vez que termina un Open me digo que esto es una locura, que éste será el último y que el lunes lo dejo.  Pero en cuanto algún colega me habla de alguna carrera en algún club al viernes siguiente, me pierde la adicción y acabo allí, apretando el gatillo como un poseso.

Por supuesto es un vicio caro, claro, como todas las drogas.  Os podría contar historias que os pondrían los pelos de punta.  Todo lo que se oye por ahí es cierto y más.  Gente que se pule la pensión de su madre, que se funde la paga con la que tendría que dar de comer a sus hijos o que malvende la tele de su hermana y cruelmente la deja sin ver erregüei para comprar unos ejes de carbono, unas llantas de magnesio, un chásis más ligero o unos buenos juegos de ruedas…

He intentado la reinserción en otros hobbys, pero el mono me puede. Empiezas por correr en N porque es divertido y todos lo hacen pero llega un momento en que el N no te hace nada y, como necesitas emociones fuertes y velocidad terminas en A, en SK o en WRC y ahí ya sí que puedes despedirte.  Y lo peor es que acabas enganchando a otra gente: a tus hijos, a tu novia… Sí, sí, también hay mujeres en esto, aunque algunos no lo crean.  Y niños también.  Nadie está a salvo.  

Yo ya no tengo remedio, he caído en el lado oscuro, pero tú aún puedes salvarte.  Si quieres dejarlo, te puedo ayudar, dame tus ruedas, tus ejes, tus herramientas y todos los coches que tengas.  Tus números atrasados de las revistas del ramo, que siempre son una tentación, tus carnés de socio de los clubes y cualquier cosa que huela a slot y SÁLVATE.  
Chaaaasiiiiiiiissss.  
Riiiiiiicooooooossss.
Daaaaaaaaaaaaaaaameeeeeeeeeeeee.”

En este punto tuvimos que dejar la entrevista por el estado de ansiedad que se apoderó del personaje en cuestión.

Así es el mundo del slot y así se lo hemos contado.  
Cada uno que saque sus propias conclusiones.

Para blogslot, desde la cueva del Dragón, les habló: Morgana.